Tecnología gallega para cumplir el sueño de almacenar energía

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La compañía gallega Norvento solo entiende el idioma renovable. Además de ser uno de los principales operadores de parques eólicos en Galicia, la empresa con sede en Lugo fabrica e investiga. Ahora está sumergida de lleno en el desarrollo de soluciones tecnológicas para que las industrias puedan no solo producir su propia energía eléctrica, sino también almacenarla. Todo un sueño que ya es una realidad gracias a las baterías.

Manuel Pinilla, director comercial de Norvento, explica que la energética arrancó hace once años el proyecto tecnológico. Lo hizo con el que denominó el Ned 100, un aerogenerador de 100 kilovatios, no para colocar en un monte, sino para adentrar a las industrias en el mundo de la generación distribuida, en el autoconsumo de energía. Pinilla explica que ya entonces vieron que era la tendencia que se avecinaba en la lucha contra el cambio climático: muchas renovables y producción a pequeña escala, descentralizada, especialmente de energía fotovoltaica.

«El incremento de renovables para combatir el cambio climático nos exige la capacidad de controlar un sistema eléctrico en el que las fuentes de generación no van al ritmo de la demanda, y necesitamos herramientas como el almacenamiento, para equilibrar generación y demanda», aclara.

Norvento ha desarrollado su propia solución a partir de una de las piezas que formaron parte de aquel primer aerogenerador eólico: el convertidor electrónico de potencia, que permite gestionar el intercambio de energía de las baterías con la red. «En función de la instalación, se puede acumular electricidad en aquellos momentos en los que es más barata para poder usarla cuando es más cara comprarla en el mercado; o acumular excedentes de producción. Tiene otras funcionalidades como participar en los servicios de equilibrado del sistema para subir o bajar potencia. Una instalación industrial no acude directamente a prestar esos servicios, pero sí a través de la figura del agregador de potencia, que gestionará la de muchas industrias que cuenten con sistemas de almacenamiento», subraya el responsable comercial de la empresa gallega.

Norvento tiene esa pata tecnológica y otra como proveedores de soluciones llave en mano para la industria. Manuel Pinilla destaca que «comercializamos tecnología que fabricamos en Vilalba, y tenemos ambición por desplegarla por todo el mundo porque tiene aplicación a industrias conectadas —España es un país muy electrificado—, y también en países en vías de desarrollo, que tienen zonas sin electricidad a las que no llegará la red principal y que funcionan con microrredes que agregan distintas fuentes de generación renovables en su mayoría y que necesitan baterías».

La compañía trabaja en varios proyectos de I+D en el ámbito del almacenamiento, optimizando esos convertidores, mejorando los algoritmos de control para que «se coordinen mejor mediante protocolos de comunicación con los agregadores de servicios, que aporten inteligencia a la gestión de la energía. «Por ejemplo, nuestros convertidores permiten conectarse con sistemas de predicción meteorológica, de tal forma que pueden tener en cuenta las previsiones de viento o de radiación solar para cuadrarlo con una previsión de consumo para sacar el máximo partido a su sistema de baterías».

Hasta ahora, el principal inconveniente de las baterías eran su precio y su duración. Pero «ya estamos en el umbral de la viabilidad comercial plena», aclara Pinilla, quien añade que «las baterías, hace cuatro o cinco años, costaban tres o cuatro veces más que ahora. Lo que ha ocurrido es que los volúmenes de fabricación de baterías han crecido muchísimo gracias a los teléfonos y los ordenadores y eso abarata el producto». Pero «cuando las baterías estén a la mitad de precio no habrá ni que pensárselo, las industrias invertirán en ellas porque les garantizará viabilidad», resalta.

Fuente: La Voz de Galicia