Una start-up británica fabrica robots asequibles para pymes por 5.800 euros

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En noviembre del año pasado Eva empezó a trabajar en Qualitetch, un fabricante inglés de componentes metálicos. Los ingenieros de la empresa esperaban intrigados su llegada, a pesar de que el trabajo que tenía que realizar Eva era muy monótono: cargar láminas de metal en una cinta transportadora.

Por supuesto, Eva no es una empleada común y corriente, sino un robot colaborativo o cobot. Vale 5.000 libras (alrededor de 5.800 euros), bastante menos que sus competidores, por lo que es asequible para pequeñas empresas como Qualitetch, que tiene 38 empleados y unos ingresos de 3 millones de libras. Alex Craig, propietario de Qualitetch, señaló que "llevaba más de 12 meses esperando esto". Fue su primera oportunidad de introducir una verdadera automatización en la fábrica.

Según RobotWorx, una empresa que vende robots nuevos y usados, un robot industrial suele costar entre 50.000 y 80.000 dólares. Craig dice que "como tenemos sólo un turno, para nosotros un robot como esos no es práctico ni económico, pero sí que podemos gastarnos cinco mil libras en uno". Automata, la compañía británica que creó Eva, se fundó en 2015 partiendo de la idea de que miles de pymes pensarían igual que Qualitech, y de esta forma abrió un nicho de mercado totalmente nuevo.

"Actualmente la industria automovilística sigue representando entre el 40% y el 50% del mercado de la robótica, pero se están abriendo muchos mercados nuevos", afirma Suryansh Chandra, cofundador de Automata. Los cobots se inventaron a finales de la década de los noventa y se han convertido en un elemento habitual de las líneas de producción de las grandes empresas. Por ejemplo, Bosch Siemens Hausgeräte (BSH) tiene en Dillingen, Alemania, la fábrica de lavavajillas más grande de Europa. Desde 2016 utiliza robots flexFellow del fabricante alemán Kuka para realizar tareas monótonas consideradas "ergonómicamente incómodas" para las personas.

Los robots cogen tornillos y luego los usan para fijar un dispositivo de bombeo en el fondo de un lavavajillas. BSH instaló los robots en sus siete líneas de montaje sin necesidad de modificarlas. Según un estudio de Markets and Markets, el crecimiento del mercado de cobots en la próxima década será del 50% anual, de 710 millones de dólares en ventas en 2018 a 12.300 millones en 2025. El estudio también indica que la inversión en cobots es muy rentable y que más empresas los utilizarán a medida que las mejoras en el software hagan que las máquinas imiten mejor el comportamiento humano.

Brazos robóticos

Kuka es uno de los líderes en la materia, aunque es más conocido por sus brazos robóticos, presentes en las fábricas de Tesla o BMW. Otro es la danesa Universal Robotics (UR), pionera en cobots. Fundada en 2005, fue comprada una década después por Teradyne por 285 millones de dólares. Para el momento en el que se realizó la compra, UR ya había vendido 4.000 unidades de robots colaborativos.

Automata se enfrenta a una importante competencia. La start up se está dando a conocer y vendió sus primeros productos a principios de año. A finales de 2019 espera haber aumentado su producción de "decenas a centenares al mes", asegura Mostafa Elsayed, cofundador. Ni él ni Chandra creen que las grandes empresas sean sus rivales. "Cuando pensamos en la competencia, no pensamos en Kuka", reconoce Elsayed. "Hicieron un trabajo estupendo en los inicios de la robótica, pero sus productos no están dirigidos a nuestros clientes", añade. Su nicho son las compañías con menos de cien empleados que quieren automatizar sus tareas pero que hasta ahora no se lo han podido permitir. Aunque es menos sofisticado que otros productos del mercado, el atractivo del robot de Automata, Eva, es que es más barato y que su software es fácil de usar.

Configurar y programar

Eva es tan sencillo que incluso hay un vídeo en YouTube que se ha hecho muy popular. "En total, en todo el proceso no se tardan más de dos horas, y la programación no lleva más de diez minutos", explica Craig. Otras empresas de robótica, explica Elsayed, se centran en hacer que sus productos sean más rápidos y más inteligentes.

Pero lo que Elsayed quiere en realidad es que los usuarios que no son expertos en robótica sean capaces de aprender de forma más intuitiva en lugar de leer un manual: "se parece más a la primera vez que usamos un iPhone. Vamos aprendiendo poco a poco a medida que vamos experimentando", explica.

En Automata afirman que han podido simplificar las operaciones porque prácticamente todo es de fabricación propia, desde el desarrollo del software hasta la mecanización de los componentes que transmiten energía al robot. "Automatizan incluso su producción para que sean los robots los que fabriquen más robots", explica Chandra. "Se aprende mucho más sobre lo que se hace cuando uno mismo se convierte en su propio cliente", concluye.

(Fuente: Expansión)