Smart cities, ¿estamos en el camino hacia la ciudad inteligente?

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A lo largo de los últimos tiempos, España ha experimentado todo un boom de iniciativas a nivel gubernamental, empresarial y de investigación, enmarcadas dentro del concepto de smart city.

Las ciudades inteligentes mejoran el día a día de sus habitantes, a través de planes de desarrollo y de urbanismo (un escenario en el que juegan un papel fundamental las energías renovables). Teniendo por objetivo la sostenibilidad, estas encontraron a su principal aliado en el Plan Nacional de Ciudades Inteligentes impulsado por el Gobierno en el año 2015.

Cumplidos tres años de su lanzamiento, el Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicación (COIT), a través de su grupo de Smart Cities, ha elaborado un estudio llamado "La tendencia inteligente de las ciudades españolas. En este se hace un balance de los principales avances, así como de los objetivos que se han de fijar de cara a la siguiente etapa.

En palabras del coordinador de este informe: "Cuando este plan se puso en marcha, se pensó únicamente en las ciudades de más de 20.000 habitantes, poniendo por delante a las grandes capitales del país, que han sido las que mayores presupuestos se han llevado para implantar sus iniciativas".

Habiendo pasado ya tres años, llega el momento de replantearse los objetivos, y esto es precisamente lo que el Gobierno acaba de hacer. El Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital lanzó su nuevo plan el pasado 27 de diciembre, enfocado esta vez no a las ciudades, sino a los territorios inteligentes. En el horizonte, el año 2020, y una dotación presupuestaria de 170 millones de euros.

Territorios rurales inteligentes

Además de poner la atención en las ciudades y sus objetos (transporte, edificios, medio ambiente o conectividad), en este nuevo programa se vislumbran también el turismo inteligente y los territorios rurales inteligentes. Según el coordinador: "Hay una parte específica dedicada a las zonas rurales y a las ciudades con menos de 20.000 habitantes. Aún toca saber en qué aspectos se centrará el nuevo plan. Pero para nosotros, el ir más allá de las grandes localidades es ya un paso importante".

A esto añade que en las últimas convocatorias de smart cities lanzadas por el Ministerio, a fin de tener la oportunidad de optar a la ayuda económica, más de 7.700 núcleos con menos de 20.000 habitantes se quedaron fuera.

Cierto es que el concepto smart city se refiere a aquellas ciudades que, a causa de su superpoblación y su extensión territorial, necesitan planes que contrarresten todos los problemas que se derivan. No obstante, aun sin negar esta realidad, los expertos del COIT opinan que las ciudades menores precisan de un tratamiento especial. Y no precisamente porque estén presionadas por la superpoblación, sino todo lo contrario: porque se enfrentan a un escenario aún más delicado: "Seguir siendo atractivas para que no se produzca migración hacia urbes mayores y mucho mejor equipadas para poder vivir".

Las últimas estimaciones dadas a conocer por la ONU y el Banco Mundial apuntan a que hoy día, más de la mitad de la población, alrededor de 3.500 millones de personas, vive en las ciudades. Porcentaje este que para el año 2030 llegará al 60%.

Por otro lado, a pesar de que las urbes apenas ocupan el 2% del planeta, representan entre el 60% y el 80% del consumo global de energía y el 75% de las emisiones de carbono. Es por ello que este tipo de planes, destinados al medio rural y a las pequeñas ciudades, si bien no pueden detener la tendencia: "sí ayudarán a que estas regiones sean mucho más atractivas".

En relación a lo anterior, recuerda el coordinador del proyecto que a pesar de que el concepto smart city está muy relacionado con la tecnología y los grandes volúmenes de población, no todo es eso: "Al final, son muchos los factores que confluyen en la mejora de la calidad de vida de la población. Una persona es fruto de un montón de vectores que le afectan, como poder tener trabajo y no tener que emigrar, disfrutar de transporte público, de parques, de la conectividad, de edificios tecnológicos... El verdadero concepto de ciudad inteligente pasa por un equilibrio entre esas sensaciones y una buena gestión de los recursos".

A lo anterior hay que añadir también que: "Muchos proyectos de smart city no prosperan en las ciudades debido a los volúmenes de habitantes sobre los que hay que trabajar y a los presupuestos disponibles".

Aunque en las pequeñas poblaciones sus administraciones están menos acostumbradas a la gestión, estos problemas resultan mucho más fáciles de solventar. Ayuda también a ello el hecho de no querer abrir más frentes de los posibles: "Luchar por la sostenibilidad, la eficiencia energética, el buen transporte y la conectividad, todo a la vez, es muy difícil. En otros núcleos, que se enfrentan a menos problemas, no es necesario involucrarse con tantos, y los resultados pueden ser así mucho más satisfactorios".

Agujeros fiscales

"Si hay un agujero en la fiscalidad como el que hay actualmente, el ciudadano se ve privado de servicios públicos. Por eso hay que asegurarse que las grandes multinacionales que sacan mucha rentabilidad de esta economía colaborativa tienen que pagar impuestos. El impuesto digital es importantísimo para generar los recursos necesarios para desarrollar una ciudad sostenible" asevera el Representante en España de la Comisión Europea.

Smart city es un concepto que se encuentra íntimamente ligado con Big Data, por lo cual es fundamental que las personas sepan lo que va a ocurrir con sus datos. Estos han de ser siempre anónimos y servirán para mejorar la ciudad, de modo que es importante normalizar e incidir en la seguridad para procesarlos correctamente.

La jefa de calidad y ciudades inteligentes de la asociación española de normalización señala que: "El concepto de smart city tiene que servir para mejorar las ciudades, es decir lo más importante es tener un gran número de datos, se tiene que hacer a nivel europeo."

(Fuente: NCyT)