Rusia 2018: un Mundial “verde” y tecnológico

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Treinta y dos selecciones, 64 partidos, 1,5 millones de turistas y una audiencia televisiva superior a los mil millones de espectadores. El jueves arranca el Mundial de Fútbol de Rusia 2018 con un partido entre el país anfitrión y Arabia Saudí. La Copa del Mundo ha costado a las autoridades rusas 15.000 millones de dólares (12.760 millones de euros), tras elevar en dos ocasiones la partida inicial, sumando 1.000 millones de dólares al presupuesto previsto.

Esta cifra casi triplica los 3.500 millones de Brasil 2014, pero el comité organizador prevé recuperarla, ya que se estima que en el último lustro el PIB del país ha crecido un 1%(0,6% en Brasil) y ha tenido un impacto en la economía de 15.000 millones de dólares (2.000 millones por el turismo) desde 2013. A ellos se sumarán 3.000 millones de dólares hasta 2023.

Con la vista puesta en el escaparate mediático que supone un evento deportivo de estas características, gran parte del presupuesto se ha destinado a los doce estadios de las once ciudades donde se celebran los partidos (Moscú cuenta con dos).

El grueso de las obras ha tenido como objetivo cumplir la exigente política de sostenibilidad ambiental y social de la FIFA. Aunque la certificación verde ya fue un requisito para obtener financiación para Brasil 2014, la FIFA decidió en 2009 que los criterios de sostenibilidad fueran imprescindibles en todas las licitaciones de la Copa de Mundo a partir de 2018.

Todo ello se plasmó en la Estrategia de Sostenibilidad del organismo Gianni Infantino, que exige a los contratistas información detallada sobre sus actividades para potenciar la economía local, la creación de empleo y el desarrollo de las comunidades (apoyando el trabajo en condiciones de libertad, seguridad, igualdad y dignidad) de las once regiones donde se disputa la competición, así como de las medidas para proteger el medio ambiente.

Estrategia

Para cumplir esta estrategia, todas las sedes tienen que contar con un estándar de construcción sostenible que asegure el menor impacto ambiental posible desde la planificación (asegurando que los flujos de transporte contribuyan a consumir menos combustible y favorezcan el uso de vehículos de energías alternativas) hasta la construcción, utilización y derribo de las instalaciones. De este modo, los certificados de construcción verde aseguran que los recintos no son sólo zonas libres de tabaco y permiten el acceso a personas con movilidad reducida, sino que también han implementado soluciones para mejorar su eficiencia energética, ahorrando recursos naturales.

Los parámetros abarcan el uso de materiales menos contaminantes, favoreciendo la proximidad de los proveedores, lo que se traduce en menos emisiones de CO2 durante el transporte de mercancías; el uso de tecnologías y sistemas de ingeniería y construcción eficientes, instalando equipos que ahorren energía y agua; y el empleo de técnicas para la recogida de desechos y su completa reutilización y reciclaje. Sólo en la Copa Confederaciones que Rusia celebró el año pasado, utilizada como ensayo para la recuperación de residuos en este Mundial, se recogieron y reciclaron 87,9 toneladas de vidrio, plástico, aluminio, papel y cartón.

Para este Mundial, las autoridades rusas han diseñado el primer estándar propio de certificación verde (Ruso, the football stadiums) para los estadios, pero algunos han optado por Breeam, una de las certificaciones ecológicas más extendidas del mundo.

El Estadio Olímpico Luzhnikí, donde se disputará la final, con capacidad para 81.500 espectadores, fue uno de los primeros en obtener el certificado Breeam. Aprovechando su renovación, ha instalado modernos sistemas de calefacción, ventilación y aire acondicionado, controlados por una central automatizada que monitoriza constantemente los consumos del edificio. También lámparas LED que ahorran un 70% del gasto en electricidad, y sistemas de gestión de agua para reducir en 160.000 litros cada día de partido. Además, se han plantado 1.050 árboles y arbustos y colocado 15.700 metros cuadrados de parterres, mejorado los accesos con nuevas paradas de metro y autobús y carriles bici.

Agua de lluvia

El estadio Fisht de Sochi, donde España juega su primer partido, ha logrado los certificados Breeam y Ruso. El recinto, situado a 170 kilómetros de Krasnodar, donde la selección se aloja durante la fase de grupos, ha adaptado las dimensiones del campo a las reglas FIFA y ampliado a 48.000 los asientos, al tiempo que ha mejorado un 50% sus costes energéticos con la instalación de nuevos equipos de automatización.

En el Kazán Arena (45.500 espectadores), uno de los primeros con WiFi gratuito, España jugará contra Irán su segundo partido. Ha obtenido la certificación Ruso, tras mejorar los accesos e instalar novedosos sistemas de recogida de residuos y de ahorro de energía (70% menos) y agua. Entre ellos, un sistema de recogida del agua de lluvia, que se acumula en tanques , y permitirá regar, al menos, el 40% del césped. En Kazán llueve, de media, 15 días al mes entre mayo y octubre.

Poliéster reciclado

El Mundial de Fútbol es el gran escaparate de los fabricantes de ropa deportiva y, en esta contienda, Adidas arrebata a Nike el trono de la empresa que equipa a más selecciones nacionales. La marca alemana viste a doce países, frente a los diez de su rival americano, entre ellos, España, Argentina, Alemania y Rusia. Nike, por su parte, se queda en los diez de Brasil 2014, equipando a Inglaterra, Francia, Portugal y Brasil, entre otras. La germana Puma se limita a dos (Uruguay y Suiza), frente a los nueve de hace cuatro años. Completan las 32 Selecciones, Umbro (Perú y Serbia), New Balance (Costa Rica y Panamá), Romai (Senegal), Uhlsport (Túnez) y Errea (Islandia).

Pero los fabricantes también compiten en el terreno de la sostenibilidad. Si en Brasil 2014 la tela de las camisetas y los pantalones de los jugadores estaba elaborada con PET reciclado (a partir de botellas de plástico), en este Mundial la estrella es el poliéster reciclado. El poliéster es un producto derivado del petróleo con un fuerte procesado e impacto ambiental. Sin embargo la técnica ha avanzado lo suficiente como para crear poliéster a partir del reciclaje de botellas de plástico.


Adidas equipa a 12 selecciones nacionales, entre ellas, España, Argentina y Alemania. Por su parte, Nike se encarga de vestir a 10 países, como Inglaterra, Francia y Portugal.

El poliéster reciclado usa un 75% menos de petróleo que el virgen, se consume menos energía y se emite menos CO2 en su producción, pero con las mismas características: es impermeable, flexible y con larga resistencia al desgaste y a las altas temperaturas. Tanto Adidas como Nike han apostado por el poliéster reciclado para las camisetas y los pantalones de las selecciones a las que visten, pero mientras las del fabricante alemán están confeccionadas con este material en un 49% y en un 51% por el poliéster tradicional, en el caso de Nike es del 100%. Adidas, además, como socio de la FIFA, ha hecho pública la lista de fábricas y países donde se ha confeccionado la ropa de los equipos, asegurando el respeto a las condiciones medioambientales y sociales de los trabajadores mediante inspecciones periódicas.

Un balón sostenible e inteligente

Adidas, socio de la FIFA, es el encargado de fabricar el balón oficial de la competición desde hace 48 años. En esta ocasión, la marca alemana ha reeditado el Telstar, un modelo que tomó su nombre del satélite de TV que se lanzó al espacio en los años 60 y que ya se utilizó en México 1970 y Alemania 1974, bautizado como Telstar 18. Fabricado con elementos sostenibles (100% poliuretano termoplástico, un elastómero muy versátil con propiedades especiales) comparte con sus hermanos mayores el estampado pixelado, pero posee una superficie sellada térmicamente para mejorar su precisión, ofreciendo a los futbolistas una trayectoria más predecible y un mejor contacto, y para disminuir la absorción de agua.

(Fuente: Expansión)