Las potencias redoblan la batalla de los microchips

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Una lucha de titanes se libra de forma cada vez más descarnada dentro de microscópicos espacios que se miden en nanómetros —la millonésima parte de un milímetro—, la unidad de medida de referencia en los microchips. El desabastecimiento de estos componentes es uno de los elementos centrales en las recientes convulsiones de la cadena de suministro global, y ha fortalecido la voluntad política de las grandes potencias para reducir su dependencia del exterior en un producto clave de la vida del siglo XXI.

Los chips son necesarios en un abanico cada vez más amplio de productos, no solo los tradicionales —ordenadores, móviles o tecnología del ámbito de la defensa y del espacio—, sino también en industrias como la automovilística o de electrodomésticos. La importancia estratégica es casi inconmensurable. Estados Unidos, China y la Unión Europea pisan el acelerador para lograr mayor autonomía en una industria compleja, con muy altos costes de entrada, y una cadena con distintos nudos que pueden convertirse en elementos de presión, desde el diseño (donde destaca EEUU) a la maquinaria necesaria (donde la UE tiene buenas cartas) hasta la fabricación, donde los protagonistas son países del este asiático, especialmente Taiwán y Corea del Sur.

De los tres titanes, la UE es la que se halla más rezagada en sus planes de estímulo. La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, anunció la intención de lanzar una European Chips Act. En julio la UE lanzó la Alianza para los semiconductores —un foro que busca reunir a representantes de las industrias implicadas, Estados miembros, academia, usuarios y otros actores relevantes—. Pero todavía no hay un consenso sobre la hoja de ruta, hasta qué punto apostar por la manufactura o reforzar áreas de diseño y maquinaria.

Ángela García Calvo, docente en la Henley Business School de la Universidad de Reading, y especializada en la materia señala que “la fabricación implica costes de entrada muy altos, tiempos largos. Además, los nuevos proyectos europeos deberían enfrentarse a la durísima competencia de productores asiáticos con mucha más experiencia y mano de obra más barata. En términos económicos, probablemente lo que más sentido tendría es apoyar segmentos de maquinaria o diseño”.

Fuente: El País