Una investigación busca revalorizar cultivos para elaborar nuevos alimentos

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El cultivo de leguminosas en España cuenta con una gran tradición. El problema es que, en los últimos tiempos, se ha dejado de lado, lo que ha provocado que el país pase a depender de las exportaciones para conseguir productos ricos en proteína vegetal. «La proteína vegetal está sustituyendo a la animal y el problema es que la estamos importando de otros países, como Argentina, y que en muchos casos es soja transgénica», cuenta Marta Santalla, investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y una de las participantes en el programa Proteinleg, coordinado por la Fundación Empresa Universidade Galega (Feuga). Este proyecto de investigación quiere ahora poner en valor cultivos tradicionales, como la judía, el haba o el altramuz, como fuente de esa proteína vegetal con la que se podrán elaborar nuevos alimentos para humanos y animales.

En la iniciativa, de carácter suprautonómico, están implicadas empresas e instituciones de Galicia, Andalucía, Madrid y Navarra, entre ellas, Almacenes Gamallo, MIMIC SeaFood y Ramiro Arnedo. Serán estas firmas las que utilicen los resultados para elaborar nuevos productos de alimentación humana y animal. El principal objetivo es poner en valor el cultivo de leguminosas como fuente de la que se pueden obtener proteínas vegetales, que tanta demanda tienen ahora en el mercado tanto para alimentación animal como humana. «España era un país con un cultivo de leguminosas importante y eso se ha abandonado», añade la investigadora.

Desde el CSIC, que cuenta con un banco de germoplasma donde hay infinidad de semillas de variedades autóctonas, se ha hecho una selección «para valorar su adaptación a terrenos de baja fertilidad. Seleccionamos variedades con mayor contenido en proteína para desarrollar nuevas fórmulas que, por ejemplo, permitan alimentar al ganado y también desarrollar nuevos productos para alimentación humana», explica.

Los cultivos seleccionados, todos ellos tradicionales, son los de judías, guisantes, habas, garbanzos, caupi (una especie de judía típica de Galicia y del norte de Portugal) y altramuz. Algunos de ellos, como la judía, son solo para alimentación humana, mientras que otros están pensados para animales, como el altramuz, y hay unos terceros, como el guisante, que tienen variedades diferentes para cada tipo de alimentación. «De cada especie seleccionamos diez variedades e, inicialmente, vamos a ver cómo se adaptan agronómicamente. Después, en cosecha vamos a ver la cantidad y la calidad de la proteína que tienen cada uno de ellos», relata. La investigación, en la que también colabora el Centro Tecnolóxico da Carne de Ourense así como otras entidades del resto de comunidades, se inició durante el pasado mes de abril, con la selección de las variedades que iban a formar parte de esta experiencia. Ahora se recogerá la primera cosecha, lo que permitirá comenzar a investigar qué cantidad de proteína vegetal tiene cada uno de esos cultivos. «Con toda esa información, la empresas de piensos y de alimentación podrán elaborar sus nuevos productos basados en la proteína vegetal», concluye Santalla.

Fuente: La Voz de Galicia