España parte en cabeza en la carrera europea por el grafeno

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¿Se imagina un chip diminuto que procese los datos a una velocidad hasta cien veces superior a la actual?, ¿o una batería que se recarga en segundos?, ¿una pantalla táctil ultrafina?, ¿un teléfono móvil que se puede enrollar y desplegar a voluntad?, ¿una retina artificial?, ¿prendas inteligentes que hagan chequeos en tiempo real?, ¿aviones superligeros que apenas consumen combustible? Lo que ahora es pura imaginación puede convertirse en realidad más tarde o más temprano gracias a un material revolucionario, el grafeno, un derivado del grafito, el mismo compuesto que se usa en la punta de los lápices y que fue aislado en el 2004 por los premios Nobel Greim y Novoselov.

Sus aplicaciones son casi infinitas, aún inimaginables, y muy probablemente, aunque no será de un día para otro, acabe incorporándose a nuestra existencia cotidiana. “Tiene el potencial de revolucionar muchos aspectos de nuestra vida”, predijo Novoselov. Y su profecía va camino de cumplirse.

Muy versátil

Francisco Guinea, investigador del CSIC y uno de los grandes expertos mundiales en la investigación del grafeno, tampoco tiene dudas de la afirmación. "Es un material muy versátil -dice- y sin duda va a revolucionar nuestras vidas". Guinea es uno de los siete sabios, entre ellos, cuatro premios Nobel, que designó la Unión Europea para liderar el proyecto Graphene Flagship, que movilizará 1.000 millones de euros de aquí a los próximos diez años en una carrera en la que España no se ha descolgado, y parte además en cabeza. No solo porque los grupos de investigación españoles han sido los más beneficiados, en una primera fase, de los fondos comunitarios, después de los ingleses, sino porque las empresas hispanas también han irrumpido con fuerza en este nuevo mercado y lideran la producción y exportación de grafeno en Europa.

Un ejemplo es Graphenea, con sede en el País Vasco, que tiene contratos para vender sus productos, de alta calidad, a firmas como Nokia, que está desarrollando prototipos de baterías flexibles de ion litio con electrodos de grafeno, o Phillips, que prepara diodos led para generar mucha más luz con mucha menos energía.

Sin embargo, el mercado todavía es muy exiguo. El pasado año, las ventas mundiales de grafeno, destinado fundamentalmente a experimentación, se limitaron a nueve millones de euros, y para el 2018 la previsión apunta a que subirán a unos modestos cien millones. Pero todo variará en función de las innovaciones que se vayan incorporando al mercado y de las nuevas aplicaciones que surjan en los laboratorios. "Ahora mismo tenemos más capacidad de producción que la que demanda el mercado", apunta Jesús de la Fuente, responsable de Graphenea. Otro ejemplo de innovación española es el que han presentado esta semana dos empresas alicantinas, Graphenano y Newat: un radiador eléctrico que consume una cuarta parte y que supone el primer producto de nanografeno a gran escala.

(Fuente: La Voz de Galicia)