La economía circular recluta a la mitad de las empresas gallegas

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Galicia sigue los pasos de Europa y allana el terreno para la economía circular. Tres de cada cuatro empresas de la comunidad ven en este sistema la solución a sus problemas medioambientales, y más de la mitad de ellas están dispuestas a implementarlo en sus actividades.

La economía circular se basa en el aprovechamiento de recursos y la reducción de los residuos para eliminar los efectos medioambientales de los procesos de producción de las empresas.

Cerca de la totalidad del tejido empresarial gallego asegura que el cambio climático afecta a Galicia, según una encuesta realizada por la agencia Aporta Comunicación, un contundente 94% comparte esta opinión. Pero aún hay más consenso cuando se trata de la conciencia ambiental de la sociedad, el 97,3% considera que no es suficiente y que es necesario desarrollarla más. Ante esta situación, algunas empresas reclaman un endurecimiento de la normativa legal, mientras que otras apuestan por impulsar campañas informativas de sensibilización, utilizar energías renovables o promover ventajas fiscales para aquellas entidades que adopten buenas prácticas.

Pero hay una solución que engloba todas estas iniciativas: la economía circular. Aunque el término surgió en los años 80 en Europa como respuesta a modelos caducos que provocan un alto impacto ambiental, ha sido recientemente cuando se ha empezado a hablar de este sistema, antes conocido como la regla de las tres R (reducir, reutilizar y reciclar).

La Unión Europea ya trabaja en estudios para expandir este modelo económico, y Galicia también está allanando el terreno para su implantación. El 74,5% de las entidades consultadas encuentran en este modelo una forma de resolver sus problemas medioambientales, y de ellas, el 54% están dispuestas a aplicarla en sus actividades.

Mil consultas

El estudio, de carácter regional, examinó a más de un millar de empresas, cuya sede está en Galicia, entre marzo y mayo de este año. No obstante, va más allá de la mayoría de encuestas, que se limitan a analizar las grandes compañías de capitales provinciales, e incluye a sociedades de todos los tamaños y origen, desde autónomos, microempresas y pymes, hasta las grandes empresas. “Hicimos el esfuerzo de hacer minería y buscar datos, información y puntos de vista de pequeñas empresas de las comarcas gallegas”, sostiene Pedro Tasende, director de Aporta Comunicación, y añade que “consideramos muy interesante y estratégico saber qué opinan también los pequeños, porque tienen mucho que decir. En la economía circular tienen cabida absolutamente todos los sectores y todas las fórmulas de empresa”.

Del mismo modo que adaptarse a la economía circular no depende del tamaño de la empresa, ocurre algo similar con respecto a los sectores donde se opera. Tanto el sector terciario como el secundario demuestran no solo amplio conocimiento sobre el tema, sino un gran interés, especialmente el sector servicios, el predominante en nuestro país. El sector primario, aunque también está interesado, es el que está más alejado, especialmente las actividades pesqueras y agrarias. No obstante, hay una visión que comparten los tres sectores: la economía circular no es exclusiva del mundo empresarial, sino que es independiente a él, es una disciplina que abarca y precisa de todo el mundo.

Este sistema aspira a acabar con la economía lineal y la creación de los productos de “usar y tirar”. “La economía circular no tiene un punto de arranque. Mucha gente dice que empieza en el momento en el que se produce un residuo, y cómo se aprovecha ese residuo. Otros teorizan con que empieza en la concepción de un producto, en el ecodiseño. Pero al ser circular es dinámico, lo cojas por donde lo cojas siempre hay un punto de arranque. Te puedes incorporar a la economía circular en cualquiera de las fases”, asegura Tasende.

Mientras que el 60,4% de las empresas encuestadas respaldan la idea de que todos los actores del proceso son fundamentales, un 18% apuesta por el ecodiseño como el elemento esencial y más relevante de la economía circular. Este consiste en diseñar el producto teniendo en cuenta su impacto ambiental y su tratamiento como residuo una vez deje de ser útil. El consumidor juega un papel importante, pues de las más de mil empresas encuestadas, el 87% considera que tiene conocimientos sobre la economía circular y una predisposición positiva para adaptarse y comprometerse con este sistema. Para que funcione adecuadamente, cada actor que intervenga debe adoptar actitudes responsables con el medioambiente, y eso incluye la implicación de agentes más allá del sector empresarial, como los distribuidores, los consumidores o la esfera política.

¿Tendencia o compromiso?

¿Podría ser la economía circular simplemente una tendencia temporal? Esta variable fue contemplada a la hora de realizar el estudio, pues Tasende afirma que querían “saber qué ocurría, hasta qué punto hablar de economía circular era un postureo, o si era realmente una visión compartida por parte del tejido productivo gallego”. Los resultados son rotundos, y el creciente apoyo legislativo y social que recibe este modelo respalda no solo su necesidad, sino que va más allá de ser una iniciativa temporal y caduca.

“La economía circular no es un problema, sino una propuesta, una metodología, una forma de trabajar, un concepto nuevo que viene a poner una solución ante el paradigma de la problemática ambiental derivada de la actividad humana”, afirman desde la agencia de comunicación.

La expansión de este modelo por todo el planeta coge músculo día tras día, y Galicia no es una excepción. La comunidad tiene una excelente oportunidad delante que aprovechar, como ya hacen sus centros tecnológicos o empresas textiles. Todo un referente a nivel mundial, con iniciativas como la recuperación e investigación de fibras, la creación de tiendas sostenibles, o la reducción de impacto en las aguas de sus actividades. Los campus universitarios adquieren una gran relevancia, donde en grados como las ingenierías hay un amplio abanico de posibilidades que desarrollar para lograr que la comunidad sea un referente y abandere el progreso de la economía circular.

La responsabilidad individual también juega un papel determinante, y tan fundamental como el empresarial o el político. Pedro Tasende afirma que “tampoco tenemos que tener metido en la cabeza el mundo de la innovación como una religión, la economía circular también es saber reparar”. Mientras que si antes se arreglaba cualquier aparato que se estropeara, como una lavadora o una televisión, ahora existe una cultura donde se sustituye todo lo que no sirve por productos nuevos, fomentando una producción continua que es perjudicial para el medioambiente. La economía circular apunta al corazón del sistema, y pretende sustituir estas actitudes de consumo desenfrenado por un consumo responsable y con conciencia ecológica.

(Fuente: La Voz de Galicia)