Científicos gallegos logran un hito en el desarrollo de la catálisis artificial

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El cuerpo humano es una máquina muy potente. Tiene órganos de una complejidad que asombra, como el cerebro, y otros, como el corazón, capaz de latir sin parar unos 2.000 millones de veces en el tiempo que dura la vida de una persona de 70 años. Pero no es perfecta. El cáncer, por ejemplo, representa el precio que hay que pagar por ser organismos con millones de células. Aunque, por primera vez en la historia del ser humano, existe una herramienta, la ciencia, capaz de mejorarla.

Una de las técnicas llamadas a revolucionar el campo de la medicina se llama catálisis artificial. «Nosotros intentamos modificar el funcionamiento de las células. Es decir, intervenir en los procesos biológicos de los seres vivos. Lo conseguimos usando metales que no están presentes en nuestro organismo, como el oro y el paladio, que promueven reacciones que nuestro cuerpo no está diseñado para producir», señala María Tomás-Gamasa, del Centro Singular de Investigación en Química Biológica y Materiales Moleculares (CiQUS).

El equipo de investigación que María codirige con el profesor José Luis Mascareñas en el centro de la Universidad de Santiago acaba de protagonizar un hito en este ámbito específico, que trata de simular la función de las enzimas, al reproducir en células vivas una reacción química de alta complejidad. «El tipo de transformación artificial que hemos conseguido en el laboratorio conlleva una complejidad que hasta ahora siempre había sido un obstáculo. Lo que hemos generado dentro de la célula al introducir el complejo metálico que actúa como catalizador es crear un producto inocuo, aunque la misma reacción se podría diseñar para generar productos tóxicos», sostiene la investigadora.

Este avance tan importante que ha ocurrido en un laboratorio gallego tiene todavía mucho que evolucionar, pero su potencial resulta incuestionable, ya que podría representar un método alternativo a la quimioterapia a la hora de deshacerse de células dañinas. «Podemos controlar lo que sucede dentro de la célula y crear, por ejemplo, una droga que llegue a matar la célula o desarrollar un producto que dañe únicamente las mitocondrias. Esto abre un abanico de posibilidades», indica.

Además de estas posibles aplicaciones, la contribución de este trabajo es también de tipo conceptual. «Queremos comprobar hasta qué punto podemos estresar los sistemas vivos, generando metabolismos de tipo artificial sin producir efectos citotóxicos», añade Mascareñas.

Posibles fármacos

Los investigadores demuestran incluso que mediante este método pueden preparar un tipo de moléculas (antraquinonas) que no están presentes en los mamíferos, pero sí en plantas y otros organismos, y que tienen muchas propiedades biológicas que las hacen atractivas como fármacos. Con esta tecnología, en principio, una célula de mamífero sí podría producir dichas antraquinonas.

Este hito científico ha sido reconocido como «un artículo muy importante» en una de las revistas más prestigiosas a nivel mundial en el ámbito de la química, Angewandte Chemie, una categoría en la que únicamente entran el 5 % de los trabajos que se publican.

Fuente: La Voz de Galicia