Caricaturizar la 5G como el “gran hermano” asiático de los móviles es injusto

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La quinta generación de conectividad móvil promete descargas mucho más rápidas, una amplia cobertura y conexiones más estables. Sin embargo, si miramos a esta tecnología únicamente a través de la pantalla de nuestro smartphone, estaremos viendo una parte muy pequeña de lo que este avance traerá a nuestra sociedad. Quien piense que el cambio de escenario que brinda la nueva generación se centra en nuestros dispositivos móviles, está equivocado.

Los smartphones hoy pueden hacer ya prácticamente cualquier cosa. La nueva generación 5G es una evolución para los móviles, pero, sobre todo, será una auténtica revolución para el sector productivo y nos llevará a la cuarta revolución industrial.

Si algo distingue a la 5G de generaciones anteriores de redes móviles, es que está diseñada para comunicar con extrema fiabilidad e inmediatez a máquinas, robots, vehículos, drones, sensores, y cualquier dispositivo electrónico… y también el teléfono móvil.

En este sentido, este estándar es una ‘red de redes’ móviles, a la cual se conectarán muy distintos tipos de dispositivos y, por ello, abarcará numerosos campos de aplicación.

Para que una red móvil como la 5G sea capaz de adaptarse a esa gran variedad de conexiones y aplicaciones, su estructura interna, su arquitectura, debe ser extremadamente flexible. Esto se consigue construyendo la red con procesadores (ordenadores) de muy altas prestaciones, en los que se ejecuta distintos tipos de software en cada momento, en función de cada situación a la que la red se tiene que adaptar. 5G será, cuando esté plenamente desplegada, una red ultraflexible, una red casi ‘líquida’.

Esta arquitectura ultraflexible hace que gran parte de los elementos del núcleo de la red 5G sean en realidad software, permitiendo que la red se reconfigure en segundos, o se divida –virtualmente- en redes dedicadas a cada uno de los sectores o escenarios de uso que se han mencionado. Y es aquí donde se apoyan las sospechas y preocupaciones, convertidas en estrategias geopolíticas, de algunos gobiernos.

La seguridad y la privacidad no son riesgos nuevos

Sin embargo, la seguridad y privacidad de las comunicaciones no es precisamente un riesgo nuevo, ni exclusivo de la telefonía móvil, ni de la 5G. La posibilidad de ciberataques, de virus, de ‘puertas traseras’ en los programas instalados en ordenadores, en teléfonos y en las propias redes, nos acompaña desde hace dos décadas, desde la masificación de internet.

Las precauciones al respecto de la seguridad en redes 5G no deben ser muy distintas a las que ya deberíamos tener en relación a cualquier otro software, sistema operativo, navegador o app que usemos a diario.

Europa ha iniciado en Marzo de 2019 una ronda de consultas a los países miembros para determinar y regular los riesgos de privacidad y seguridad de la 5G, y el resultado va a ser la aplicación de medidas de regulación y certificación similares a las de cualquier otro tipo de dispositivo y software.

Tomar el riesgo de seguridad y privacidad como la razón para el proteccionismo comercial, asegurar que los equipos de 5G están diseñados para el espionaje, o caricaturizar la 5G como el “gran hermano” asiático de la telefonía móvil es simplemente injusto.

(Fuente: SINC)