Los antídotos gallegos contra la fast fashion

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Tiendas online low cost, cupones de descuento cortesía de las influencers, correos electrónicos generando necesidades con las últimas tendencias a precios sumamente bajos… Decenas de inputs invitan cada día a un consumo rápido, casi impulsivo, y el sector de la moda es uno de los arrollados por esta tendencia.

La industria textil se recuperó en España un 19% durante los cinco primeros meses de 2022,  según el barómetro de la Asociación Nacional del Comercio Textil (Acotex). Este crecimiento contrarresta la caída experimentada durante la pandemia, un 40% en 2020 y un 13% en 2021, pero incluye también el consumo de la «moda rápida». Este sistema se fundamenta en mucho volumen de producción y venta a precios muy bajos a corto plazo, pero que lleva tras de sí una factura mucho mayor, entre ellas la medioambiental.

La industria de la moda era, ya en 2015, responsable del consumo de 79 billones de metros cúbicos de agua, 1.715 millones de toneladas de emisiones de carbono y 92 millones de toneladas de residuos, según los datos recopilados entonces por el Parlamento Europeo. Otro estudio publicado por la Asociación Ibérica de Reciclaje Textil (Asirtex) advertía a finales de 2020 de que más de 900.000 toneladas de ropa termina cada año en vertederos.

Cuando el consumidor se topa de bruces con esta estampa se disparan las alarmas, pero, ¿cuánto dura? Un reciente informe de KPMG recoge que para el 81% de los agentes del sector consultados el precio es una prioridad, muy por encima de la experiencia de compra (42,8%) y la trazabilidad de la prenda (42,85).

Sin embargo, en medio de todo este contexto, el sector del textil y la confección miran de frente al reto de la sostenibilidad. Galicia diseña una nueva industria de la moda y los grandes grupos ya trabajan en esta línea. Ahí están la colección Zero Waste de Adolfo Domínguez, el muestrario cápsula de cinco vestidos de noche de Zara que incorporan tejidos elaborados con dióxido de carbono o la alternativa al denim en la que trabaja Roberto Verino. Además, el textil gallego impulsa también la relocalización de la producción para ser más sostenible. Los grandes músculos del sector en la comunidad capitanean un cambio de paradigma frente a gigantes asiáticos cuya estrategia gira en torno a la fast fashion y al low cost agresivo.

Fuente: Diario Información