La industria gallega de la madera le come terreno a sus rivales en España

Para el sector forestal gallego, la pandemia ha sido como vivir tres años en uno. Y bien intensos. Los primeros meses del 2020, el mercado arrancó con la misma atonía de finales del 2019. Hubo un descenso de las ventas. El confinamiento hizo temer lo peor, pero con el calor del verano vino la recuperación. El último tramo del 2020 fue un auténtico rally. Y no hay visos de que la demanda se vaya a moderar. Está desatada: «Tras el verano del 2020 se dispararon los precios en el mercado a niveles nunca vistos en los últimos 25 años», explica el profesor de la escuela de ingeniería forestal de la Universidad de Vigo, Juan Picos.

Los datos de la Axencia de Industria Forestal apuntan en esa dirección. Desde abril del 2020 a abril del 2021, el precio de la pasta y el papel ha crecido un 7,5%. La fibra de madera, hasta un 8,3%. La madera un 36,5%. Aunque lo más espectacular ha sido el despegue de la madera de coníferas, que se ha propulsado un 121,1% en un año.

¿Qué hay detrás de esta fiebre por los productos forestales? Desde la Asociación Española de Comercio e Industria de la Madera apuntan a un abanico de factores. En primer lugar a que en muchos países, las fábricas y aserraderos dejaron de producir durante el confinamiento. Ahora el sector es incapaz de abastecer la gigantesca demanda de Estados Unidos, China y Europa a la vez. A esto se suma la escasa oferta de madera en los países nórdicos y que los stocks en Suecia están en sus niveles más bajos en 20 años. Además, Rusia prohibirá la exportación de troncos a partir del 2022. China, su principal cliente, ya está buscando alternativas. Está volviendo a comprar enormes cantidades de tronco de roble en Francia, por eso las autoridades galas y alemanas, ante la posibilidad de desabastecimientos, están realizando campañas para conseguir que al menos el aserrado se haga en sus territorios.

Fuente: La Voz de Galicia