¿Para qué sirve el crowdfunding?

La empresa Securifi, de Ram Malasani, director general y fundador de la compañía, no estaba desesperada por recaudar fondos. Almond+ es una secuela de Almond, el primer producto de Securifi, un router de diseño elegante del que ya se han vendido decenas de miles de unidades en Amazon desde que se lanzó en el Consumer Electronics Show del año 2012. La recaudación de fondos es "sin duda la razón secundaria" por la que su empresa ha utilizado Kickstarter, señala.
 
La gran mayoría de los 85.000 proyectos puestos en marcha en Kickstarter hasta la fecha representan el sueño profesional de un individuo, es decir, provienen de empresas no establecidas que no suelen tener ingresos significativos, productos de éxito o financiación de capital riesgo. Sin embargo, algunas start-ups y empresas aún más grandes están recurriendo a los sitios de crowdfunding para cubrir otras funciones empresariales, desde investigaciones de mercado y diseño de productos hasta relaciones con los clientes y negociaciones de fabricación.

"La financiación colectiva es la forma definitiva de investigar al consumidor", señala Scott Popma, abogado de propiedad intelectual dedicado a asesorar a empresas sobre el crowdfunding. "No solo estás pidiendo la opinión de la gente, sino que la gente te da su opinión y además te paga".

Para Securifi, la campaña le está ayudando a llevar a cabo una labor de marketing por adelantado, recibiendo comentarios de alta calidad por parte de entusiastas mientras el producto aún se encuentra en fase de desarrollo, algo mucho más preferible que escuchar comentarios o recibir una crítica negativa después de haberlo lanzado. Ahora mismo, como vendedor en Amazon, Securifi no puede comunicarse con la mayoría de personas que ya hayan comprado sus productos antes para preguntarles acerca de su experiencia, o para promover futuras características o productos. "Hoy día conocemos a muy pocos de nuestros clientes", afirma Malasani. "Nos estamos deshaciendo de la capa entre nosotros y nuestros clientes". Ya han recibido más de 700 comentarios y mensajes.

Entre las empresas más grandes que ya han usado la plataforma Kickstarter encontramos a compañías de juegos con enormes bases de seguidores. Double Fine Productions, un estudio independiente creado hace una década y ganador de varios premios, recaudó 3,3 millones de dólares (2,46 millones de euros) procedentes de 88.000 patrocinadores el año 2012, con el objetivo no solo de financiar un nuevo juego, sino de "desarrollarlo a la vista del público".

Days of Wonder, un fabricante de juegos digitales y de mesa, tampoco ha usado Kickstarter por cuestiones de dinero. La campaña que puso en marcha en enero estaba destinada principalmente a ayudar a determinar si se debían dedicar recursos durante varios meses para crear una aplicación para la tableta Android de su popular juego para el iPad. Algunos clientes la han estado solicitando, pero en realidad pocas personas tienen tabletas Android.

La compañía estableció el objetivo de recaudar 190.000 dólares (142.000 euros), una cantidad que serviría para establecer una demanda suficientemente prometedora. El dinero en sí mismo era tan secundario que la empresa canceló la campaña a mitad de camino. El director general, Eric Hautemont, se dio cuenta de que los donantes eran propietarios de iPad y fans de juegos de mesa, por lo que no estaba ayudando a responder a la pregunta principal sobre la demanda para la plataforma Android.

Esta experiencia señala los desafíos de la utilización de Kickstarter como plataforma de investigación. "Hemos aprendido mucho", asegura Hautemont. "Estamos planeando relanzarla en marzo, centrándonos en Android".

A Kickstarter, que se queda con un pequeño porcentaje de los fondos recaudados por los proyectos de éxito, podría beneficiarle atraer a compañías que fijen metas más amplias de financiación o tengan más recursos para promover sus campañas, sobre todo si su crecimiento inicial se ralentiza. Sin embargo, la compañía también está tratando de mantener sus credenciales como plataforma de lanzamiento para inventores de garaje. Sus directrices limitan los proyectos de tecnología a aquellos que fomenten el DIY (siglas en inglés de Do It Yourself), es decir, que el usuario sea parte activa de su construcción, además de aquellos que contengan código abierto o tengan interés para los hackers.

A otras plataformas de crowdfunding dirigidas a start-ups más establecidas quizá no les importe invitar incluso a las empresas más grandes para que participen. Procter & Gamble y General Mills están trabajando con el sitio de financiación colectiva CircleUp, una plataforma actualmente limitada a inversores acreditados. Las empresas esperan poder hacer un mejor análisis de las nuevas ideas procedentes de start-ups en el sitio y posiblemente comprarles productos (o incluso comprar las start-ups). La Ley JOBS, una ley federal estadounidense aprobada en 2012, pronto podría permitir a CircleUp y otros sitios incluir a personas normales y corrientes que quieran poseer una participación en un negocio.

Si la industria del capital de riesgo se vuelve más adversa al riesgo, las empresas de tecnología podrían usar los sitios de crowdfunding incluso en etapas posteriores. La financiación colectiva está incluso cambiando la forma en que algunas compañías de tecnología tradicionalmente conservadoras abordan el desarrollo de productos.

La start-up de semiconductores Adapteva, una compañía de cinco personas en una industria donde normalmente es difícil conseguir financiación, no ha sido capaz de recaudar más capital desde su financiación inicial de 1,5 millones de dólares (1,12 millones de euros) de un pequeño inversor estratégico, a pesar de que ya ha generado más de 1 millón de dólares (0,75 millones de euros) por la venta de sus potentes chips móviles de alta gama a clientes militares. En la actualidad, la pequeña compañía espera llevar su tecnología a un mercado más general. Sin embargo, para hacerlo necesita bastante dinero para poner permitirse una manufactura lo suficientemente grande como para reducir los costes de producción.

Su reciente campaña de Kickstarter para Parallella, una "supercomputadora al alcance de todo el mundo", fue recibida inicialmente con escepticismo por parte de los visitantes del sitio. "Los chips son fabricados generalmente por empresas muy grandes", indica el fundador y director general Andreas Olofsson. "Estábamos hablando de cifras de rendimiento que iban más allá de lo que todas estas empresas multimillonarias habían logrado, y nadie había oído hablar de nosotros".

Pero la campaña finalmente despegó después de que el veterano equipo publicara demostraciones más convincentes y tomara la medida poco convencional de que sus diseños de hardware fueran de naturaleza abierta. La compañía recaudó cerca de 900.000 dólares (672.244 euros) y hoy día se apresura por entregar miles de unidades de sus placas de 99 dólares (74 euros) en mayo a sus nuevos patrocinadores, la mayoría de ellos desarrolladores que ayudarán a crear aplicaciones para el producto. Los diversos entusiastas que Olofsson ha conocido a lo largo del camino le han presentado aplicaciones para la computación en paralelo en las que nunca había pensado. "Ahora solo tenemos que hacer que funcione", concluye.

(Fuente: La Flecha)