Doscientos científicos trabajan en más de 90 proyectos en el laboratorio europeo de IBM

Transistores de nanohilos, chips 3D o tests diagnósticos de silicio, que con una gota de sangre 50 veces más pequeña que una lágrima detectará enfermedades de forma rápida y precisa, son algunas de las innovaciones salidas del centro de investigación de IBM cerca de Zurich (Suiza). 
 
La última novedad llega en forma de memoria PCM. Sus creadores aseguran que es cien veces más rápida que la Flash, y que será tan asequible que se usará tanto en móviles como servidores a partir de 2016.
 
Periodistas españoles fueron invitados al único laboratorio del gigante azul en Europa, del que han salido dos de sus cinco premios Nobel. Sus 200 investigadores de 40 países llevan entre manos 90 proyectos para dar respuesta a los grandes objetivos de la compañía: el planeta inteligente, el análisis predictivo de datos, el Internet de las cosas y la computación en la nube.
 
La información almacenada se duplica cada dos años. Si ahora se mide en gigabytes en cuatro años se hará en zettabytes, lo que equivale a 250.000 millones de DVD por cada unidad, según Cisco Systems. También aumentan los aparatos conectados en red, que llegarán a 50.000 millones en ocho años. El Internet de las cosas, donde los objetos se comunican entre sí sin intervención humana, requiere de "autogestión y analítica predictiva de datos, porque no hay suficiente gente en el planeta para procesar tanta información", dice Ton Engbersen, vicepresidente de IBM Research en Europa. Una mezcla de datos guardados y en tiempo real "que solo será útil si somos capaces de vaticinar lo que transmiten", dice el investigador Eric Cope. Su departamento crea sistemas para predecir el riesgo bancario con el que, por ejemplo, 57 grandes bancos comparten datos anónimamente en el consorcio ORX.
 
Desde hace 50 años los procesadores son cada vez más rápidos, pequeños y baratos. Un proceso de reducción de espacio y duplicación de capacidad que se aproxima al límite y "requiere un cambio para seguir mejorando su rendimiento y eficiencia", explica Walter Riess, jefe del departamento de ciencia y tecnología. Este físico se apasiona al hablar del mundo nano y de su aplicación en los nuevos materiales, "que impulsarán la innovación. Antes usabamos cinco elementos de la tabla periódica para desarrollar chips. Ahora, casi todos. Es fantástico porque podemos investigar mucho, aunque incrementa los costes".
 
Manipular materiales a escala diminuta requiere condiciones especiales, como las del centro de nanotecnología. Este proyecto con el Instituto Tecnológico de Zurich cuenta con una sala limpia en cuyo interior hay "100.000 veces menos partículas que en el exterior" y seis laboratorios sin ruido. Allí investigarán en integración 3D, conexiones ópticas o sistemas nanoelectromagnéticos, avances que después transfieren a los centros de desarrollo y se licencia a socios y empresas. IBM tiene más patentes que cualquier otra tecnológica, de las que obtiene 696 millones de euros anuales, "el 1% de nuestros ingresos", asegura Engbersen.
 
Bruno Michel lidera el grupo del que ha salido el chip 3D o la refrigeración por agua. Su departamento trabaja también en sistemas de generación de energía térmica y fotovoltaica que a la vez dasalará al agua marina. En un despacho repleto de artilugos, Michel asegura que en tres años "conseguiremos integrar el refrigerador en el procesador y para 2025 fabricaremos superordenadores del tamaño de un azucarillo y de mínimo consumo".
 
La eficiencia energética es una obsesión de IBM "para mantener el mismo avance tecnologico de los últimos 50 años", dice Michel. Y para "cuidar el planeta", añade Dieter Gantenbein, responsable de IBM en el proyecto Edison, una infraestructura inteligente de coches eléctricos alimentados con energía eólica en Bornholm, isla danesa del Báltico. "El objetivo es evaluar el funcionamiento del sistema con picos y valles de energía y que el vehículo pueda suministrar recursos a la red energética en momentos puntuales" en un planeta más inteligente y sostenible.
 
(Fuente: El País)