El proyecto de recuperación de la biodiversidad en el rural gana el primer premio de la Galiciencia 2018

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El proyecto de ciencia ciudadana para la recuperación de la biodiversidad en el rural desarrollado por ocho estudiantes lucenses es el ganador absoluto de la Galiciencia 2018. La iniciativa "Rebinxe", representada en la mayor feria científica de Galicia por Lidia Barreira y María Bouso, del IES San Rosendo de Mondoñedo, fue el mejor valorado por los 40 miembros del jurado entre los 50 proyectos que competían por el premio final, dotado con 1.000 euros para financiar su participación en otra feria científica de carácter estatal, la Exporecerca 2019 (Barcelona).

Durante los tres días que duró la primera edición de primavera de la Galiciencia pasaron por la exposición de proyectos y las actividades paralelas más de 2.000 visitantes. El evento estuvo organizado por Parque Tecnolóxico de Galicia-Tecnópole, con la colaboración de la Consellería de Economía, Emprego e Industria y la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (Fecyt).

El proyecto cooperativo merecedor del máximo galardón conquistó al jurado con una cuidada metodología y presentación. Desde su stand, María y Lidia explicaron, apoyadas en numerosas muestras de su trabajo de campo y varios prototipos, su iniciativa para involucrar a los habitantes de los concellos lucenses de Mondoñedo, Abadín y Lourenzá en la mejora de la situación de los ecosistemas rurales en esta comarca. Durante los últimos seis meses, realizaron estudios pormenorizados sobre tres especies autóctonas –el búho, la lechuza y el murciélago– para después iniciar un completo plan de acción. Entre las actuaciones puestas en marcha, está la concienciación de la población sobre la capacidad de estas especies para controlar plagas como la velutina, la colocación a demanda de cajas-refugio construidas por ellos mismos para facilitar la supervivencia de ejemplares y herramientas on line para recopilar datos facilitados por los habitantes del entorno. Su recogida exhaustiva de datos mediante técnicas como el fototrampeo, la investigación sobre las condiciones de vida de cada una de las especies y sobre la adecuada construcción de los refugios y la capacidad para divulgar sus resultados con rigor fueron determinantes a la hora de obtener la máxima puntuación.

El segundo premio, dotado con 500 euros para asistir a la feria científica vasca homóloga de la Galiciencia, la Zientzia Azoka, correspondió al diseño de un cohete de combustible sólido utilizando una mezcla de nitrato de potasio y azúcar, lo que provoca una reacción de gases que impulsan el proyectil. Pablo Portela y Brais Pazó, del Colegio Eduardo Pondal de Cangas do Morrazo (Pontevedra), se inspiraron en los principios físicos utilizados por la NASA para fabricar sucesivos prototipos capaces de alcanzar cada vez mayor altura y aceleración.

En tercer lugar quedaron Esther Suárez y Lucía Suárez, de las Aulas Científico-Tecnológicas Isidro Parga Pondal de Ponteceso (A Coruña), que idearon una estación meteorológica electrónica bautizada cómo "Cero lume" para la prevención de incendios. A través de la medición mediante sensores de temperatura, humedad y velocidad del viento y circuitos programados para cruzar los datos, el dispositivo emite alertas cuando se produce la combinación de factores de riesgo para poder controlar la situación. El equipo recibió 200 euros para cubrir los gastos de su participación en el programa de actividades organizados por los Museos Científicos Coruñeses en la Semana de la Ciencia.

Menciones especiales

De manera complementaria, se entregaron varias menciones especiales por categorías. En la categoría especial de cambio climático, los alumnos del Colegio Alborada de Vigo se llevaron el premio por su proyecto de caracterización de los plásticos de la playa de Vilariño (Ría de Aldán). Partiendo del peligro de contaminación y de entrada en la cadena alimenticia de los ecosistemas que tienen los plásticos depositados en las playas, Inés Muiñas y Óscar Cordero hicieron un exhaustivo trabajo de campo hasta determinar que el contenido de microplásticos (tamaño menor de 5 mm.) en la playa analizada asciende a la peligrosa cantidad de 760 unidades por decímetro cúbico.

El proyecto de concienciación sobre el reciclaje de papel de Luis Barba y María Rascado, del IES María Casares de Oleiros (A Coruña), se hizo con el reconocimiento a la mejor presentación y comunicación oral. Desde el Club de Ciencia del instituto, los alumnos idearon un sistema que cubre todo el proceso: desde construir los instrumentos necesarios para el reciclaje hasta elaborar el papel. Como materia prima usaron no solo el papel recogido en las aulas, sino también el de periódicos y revistas que llegan al centro. Una vez optimizado el proceso abordaron la posibilidad de obtener papel de distintos colores y texturas.

Como proyecto más innovador, fue premiado el sistema de ayuda en el reciclaje de basura para invidentes de las Aulas Tecnópole, ideado por Mateo González y Cecilia González. Los alumnos diseñaron un contenedor de basura que emite señales a los bastones de los invidentes cuando están cerca para ayudarlos a saber dónde pueden depositar sus residuos. El colector está dotado de varios dispositivos acoplados: un sensor de sonido, un sensor de distancia y un módulo de tecnología inalámbrica. Cuando el invidente se acerca, este envía una señal sonora a su bastón, que será diferente en función del tipo de residuos que recoge (plástico, papel, vidrio u orgánico).

Por último, la fórmula para la barbacoa perfecta de los alumnos del Colegio San José-Josefinas de Ourense fue distinguida por el método científico y proceso de investigación mejor definido. Juan Carlos Serra, Daniel León y Rubén Borrajo extrajeron y estudiaron el tipo y la cantidad de oleorresinas presentes en las diferentes variedades de leña que se emplean en las parrillas. Como receta básica, proponen un fuego de barbacoa en tres fases: primero, leña de pino, fácil de encender y de combustión rápida; luego, castaño, que eleva rápidamente la temperatura, y roble, que asegura la formación de un bueno brasero; y, finalmente, encina, con gran poder calorífico y combustión completa que apenas genera residuos. Según ellos, tanto las oleorresinas de la encina como las del roble potencian el sabor del asado.